sábado, 3 de julio de 2010

Iconografía - 1ª Parte

A lo largo de la historia el hombre ha necesitado expresar y compartir de alguna manera su vivencia de lo religioso o sagrado; de esta necesidad surgirán espléndidas muestras a través del arte.

Ramón Llull en su obra Liber de Homine (Mallorca, 1300) dirá sobre el hombre como artista:

Atès que és escaient que l'home sàpiga què és l'home, ja que és home, per això volem investigar ivdemostrar què és l'home. Perquè enel fet que l'home sap què és l'home, l'home es coneix a si mateix i, en conèixer-se a si mateix sap estimar-se a si mateix i els altres; després sabrà estimar i conèixer Déu, el qual és home en la mesura què és home.

Para Llull, el hombre guarda una relación equidistante con su creador y naturaleza, está  capacitado para la producción de herramientas y obras de arte ad extra, a imagen y semblanza de su creador; el hombre utiliza las cosas materiales y hace de ellas verdaderas obras de arte, reflejo de la capacidad creadora de su espíritu.

Lo cual no impidió que el artista estuviera ligado a los intereses de los grandes señores en la época feudal o vinculando solamente a lo religioso, como fue el caso de los autores de iconos de Oriente.

La evolución de la iconografía desde su manifestación en el arte bizantino, pasando por el románico hasta el gótico, no tiene unas fronteras claramente delimitadas, mas bien al contrario, el paso de uno a otro será diferente según la geografía y sensibilidad del autor, encontrándose muchas veces conjugadas en una misma obra o siendo recuperado en épocas mas tardías.

La iconografía irá preferentemente de la mano de la arquitectura religiosa, pero irá tomando protagonismo cada vez mas independientemente de la misma, así tenemos las esculturas o los iconos, que serán proyectados fuera de su ámbito original a pesar de que, como en el caso de este ultimo, solo tenía razón de ser en el recinto sacro, es decir, en la iglesia.

A partir de la división del Imperio en occidental y oriental, este último aportará nuevas influencias sobre el pensamiento y manifestaciones artísticas, viéndose marcado prioritarimanete por el arte persa, volcado más hacia los grandes espacios, muros anchos y la abstracción. En cuanto a la escultura, la arquitectura comenzara a abandonar el movimientode lo escultórico en las paredes, para pasar a las pinturas y mosaicos. El poder será representación de lo divino en la tierra, las imágenes deberán mostrar un emperador estático y distante, y estas mismas características las veremos transferidas a las imágenes religiosas.

El cristianismo, religión oficial ya desde el 380, marcará la arquitectura y el arte iconográficos imponiéndose su difusión por todo el imperio. La plasmación mas fácil fue a través de la imagen. La presencia de las imágenes en las iglesais era justificada por su utilidad catequética y pedagógica. A partir del año 600 en una carta al obispo Serenus de Marsella, el Papa Gregorio el Grande legitimaba el uso de las pinturas diciendo "que estas eran a los iletrados lo que las Escrituras eran a los que sabían leer".

Esta época vivirá una serie de conflictos a nivel teológico pero también entre el mundo eclesiástico y el secular representado este último, por el monaquismo mas próximo a las creencias paganas que al dogma de la iglesia.

Bizancio, paradigma de la sofisticación en lo atístico, concentrará como ya dijimos, el poder espiritual y el temporal en el emperador, ya que el emperador lo era por la gracia de Dios; sin embargo esta será motivo de conflicto de poder entre la Iglesia y el emperador, deseosa esta de ser su igual. El auge de los monasterios compitió con el poder imperial dando como resultado una crisis iconoclasta (era necesario anular el poder las imágenes sobre los creyentes), que se resolverá con el Concilio de Nicea II en el 787, a través de un decreto declarando que era legítimo para los cristianos fabricar, exponer y venerar los iconos de Cristo, de la Virgen, ángeles y santos (anteriormente el programa consistía en narrar las historias del Antiguo y Nuevo Testamento). Una crisis posterior será debatida entre el 815 y 843, pero los iconos seguirán siendo autorizados siempre que no se les venere. El punto de vista fue diferente para unos y otros, en occidente tendrá carácter prioritarimente pedagógico, en oriente este será secundario, siendo el recurso a las imágenes una exigencia que emana del místerio de la misma encarnación, tal como lo enseñaba San Juan Damasqueno (Deseille, Achimandrite Placide, La confesion de la foi dans la tradition iconographique orthodoxe en "Lumière et Theóphanie l'Icône", colección Connaissance des Religions, nº  extraordinario, 1999)