domingo, 11 de marzo de 2012

El arte como denuncia (1): Hyppolite y los niños en Kinshasa

El dibujante Hippolyte nos conduce a Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo. Su reportaje gráfico revela la suerte reservada a miles de niños acusados de brujería.

Son más de 20.000 niños los que viven en las calles de Kinshasa tras haber sido acusados, por muchos, de brujería. Son lanzados a la calle, sospechosos de ser responsables de los males que golpean a sus familias. Una situación que se ha dado por culpa de los "pastores" de las iglesias evangélicas que ejercen un poder considerable sobre la población.

Desde la expulsión del mariscal-presidente Mobutu, "el país está devastado, el estado completamente ausente y el país liberado por completo a sí mismo. La tasa de paro alcanza aproximádamente el 90% y las condiciones sanitarias son terribles," explica Hippolyte.

La religión es para muchos su última esperanza. Como consecuencia las "iglesias del despertar", de inspiración evangélica, han impuesto su ley. Los pastores, que no lo son en realidad, se aprovechan de la credulidad de la población haciendo falsos milagros y acusando a numerosos niños de brujería.


 
* Más información sobre las Églises d'Éveil :
 
- http://www.unibas-ethno.ch/veranstaltungen/dokumente/Papers/Bazonzi.pdf
- http://eglise.animiste.pagesperso-orange.fr/aegliseveil.htm
- http://www.savethechildren.es/docs/Ficheros/38/InformeBrujos.pdf

sábado, 10 de marzo de 2012

Reflexiones sobre el Sutra del Corazón


"Avalokitesvara, el bodhisattva de la verdadera libertad a través de la práctica profunda de la gran sabiduría comprende que los cinco agregados : cuerpo, materia-forma, percepción-sensación, pensamiento, actividad, y conciencia son solo vacío, Ku y gracias a esta comprensión ayuda a todos los que sufren.

Oh Shariputra los fenómenos no son diferentes del vacío, el vacío no es diferente de los fenómenos, la forma es vacío, el vacío es la forma los cinco agregados son igualmente vacío. Oh Shariputra todas las existencias son vacío, no hay nacimiento ni muerte, no hay pureza ni impureza, no hay crecimiento ni disminución, en el vacío no hay cuerpo-materia-forma ni percepción sensación, ni actividad ni conciencia, no hay ojos ni oídos ni nariz ni lengua, ni cuerpo ni mente, no hay color ni sonido ni olor ni sabor ni tacto ni pensamiento no hay conciencia visual ni conciencia auditiva, ni conciencia olfativa ni conciencia gustativa ni conciencia táctil ni conciencia de la conciencia ; no hay ignorancia ni no ignorancia, no hay vejez ni muerte ni extinción de la vejez y de la muerte no hay sufrimiento ni su causa ni su extinción ni vía que conduzca a su liberación no hay sabiduría ni obtención lo único que hay es mushotoku, nada que obtener.

Gracias a esta ilimitada sabiduría en el espíritu del bodhisattva no hay redes ni obstáculos ni causas de obstáculos no hay miedo ni temor ni causa de miedo y temor, su corazón libre de perturbaciones y de ilusiones y apegos llega a la última etapa de la vida el nirvana. La suprema serenidad.

Todos los budas del presente del pasado y del futuro gracias a esta gran e ilimitada sabiduría han obtenido la suprema liberación por eso hannya shingyo es el mantra universal, mantra más elevado el incomparable mantra que extingue todo tipo de sufrimiento, es la auténtica verdad sin error.

Gya tei, gya tei hara gya tei hara so gya tei boji sowaka

Id, Id, id juntos, id juntos más allá del más allá hasta la realización última, hasta la otra orilla del nirvana."



La enseñanza del Prajña Paramitah nos recuerda la inconmensurabilidad e inefabilidad del proyecto de la Vida. No permite nada independiente de él. A esa Realidad Absoluta se la llama sunyata («donde no hay percepción» en lengua sánscrita) o el Vacío; no por su vacuidad, sino porque su falta de límites es lo que en nuestra imperfecta percepción confundimos con la nada. Kumarajiva empleará la expresión Wu Yin, los «5 oscurecimientos» para los sentidos; por ello lo que creemos o describimos como: «lo que parece ser o creo ser», es solo una Realidad Relativa.

«Ante el buddha en profunda meditación, Avalokiteshvara entra en completa meditación». Es decir, cuando mi «Yo relativo» medita, lo hace al unísono mi «Yo absoluto» en su aspecto de com-pasión universal. No hay dualidad. Si dejamos de prestar atención a nuestros sentidos (incluida nuestra mente), meros agregados, no hay ni lo visto, ni lo oído, ni lo representado mentalmente. En la no-dualidad todo desaparece porque los límites que hemos fijado ya no existen, incluido nuestro «yo». Morimos sin haber muerto, el «ser» y el «no-ser» son posibles a la vez, y ese es el primer paso para entender que tampoco hay vía que buscar o seguir; sino que la vía está aquí y ahora (de hecho, en cada instante) en nosotros. Somos y no-somos porque al ego no se puede eliminar. ¿En la fusión absoluta, sin egos, seríamos conscientes de esa Realidad? ¿El ego es el precio a pagar para aprender esta lección?

Una vez aclarado que el ego no es mas que construcción, una vez resquebrajada esta coraza, la apertura gratuita, confiada, instintiva y sin límites —en suma, por generosidad/amor y no deseo— permite la «comprensión» de esa sabiduría que es nuestra absoluta y única naturaleza, que es luz y presencia absolutas. Comprensión que es nueva y vieja. Nueva y distinta cuando se despliega a la visión interna de cada persona, vieja, porque siempre ha estado allí.

Tras esa comprensión de una Realidad Absoluta, llega el Silencio, nuestro lenguaje se vuelve inútil e incapaz. Como decían los clásicos taoistas chinos: cuando olvidamos las palabras volvemos al origen «wu-ming», allá donde no existen los nombres. Y es que las formas tienen entidad porque con el lenguaje les damos un vehículo en el que sostenerse. Las formas dependerán siempre del ser viviente y sus necesidades y nuestro sistema de comunicación, el lenguaje, al intentar explicar lo «no-construido», lo reduce y adecua a nuestras propias limitaciones.

Al pensar que somos mundos individuales nos creemos nuestras propias necesidades, pero las expectativas no pueden cumplirse ya que son reducciones que intentan tener existencia propia fuera de la misma Existencia; por ello hay dukha: insatisfacción, sufrimiento, y miedo a no conseguir nuestros deseos, cosas irreales al fin y al cabo. Cuando uno alcanza a liberarse de ese ofuscamiento es a lo que se llama Nirvana.

 
Autor: Maris Stella Morales

domingo, 4 de marzo de 2012

Asakusa, mi barrio


Carnaval de Asakusa

Asakusa es lo que aún queda de la antigua Edo (hoy Tōkyo). Barrio tradicional y a la vez pionero: de aquí surgieron los primeros kabuki y striptease de la ciudad. Aunque bullicioso y de carácter marcadamente popular, el tiempo transcurre en él plácidamente.

En la quietud de las primeras horas de la mañana, los barrenderos del Templo de Kannon cruzan, con parsimonia, el barrio y sus vericuetos; mientras, las tiendas modulares de Nakamise comienzan a desplegarse como si un gran y afable pulpo se desperezara, estirando sus tentáculos, tras un descanso reparador.

Nakamise
El lugar se llena pronto de actividad y de uno a otro lado se oyen los obligados «¡Irasshiamase!» de bienvenida al tiempo que tu vista se pasea por coloridos kimonos, abanicos, manekis, y como no, toda una interminable selección de dulces, que con sus apetitosos aromas, atraerán sin remisión al recién llegado.

Al final de Nakamise, el bello portal de Hozomon, y tras cruzarlo medio cegado por los mil y un flashes de los turistas, el Templo de KannonKannon la Misericordiosa—. Un poco antes de subir sus escaleras, pequeños pabellones te ofrecerán incienso, amuletos, sutras y, claro, también los tradicionales papelitos Omikuji: por 100 Yens la suerte en tu mano.

Senso-Ji
Y por fin, el templo, desde cuyo interior escucharás a los monjes recitar: … gyatei, gyatei, hara gyatei… tres palmadas y saludo en gassho, palmas unidas en reverencia... Mientras, la animación continúa. A las 13.00 h, tras el almuerzo, la gente debe buscar refugio. Ni sombreros, ni abanicos, ni los paraguas multicolores pueden con el calor de estas horas. Es momento de un refrescante raspado de fresa o de un estupendo helado de sésamo y macha.

Omikuji
Las 18.00 h, retorno a casa; aunque los más jóvenes se quedarán para disfrutar de la noche. Las horas pasan y las tiendas de Nakamise y alrededores se recogen silenciosamente. Por las calles, que los faroles iluminan, los graznidos de cuervo —habitante también de la ciudad— se entremezclan con los últimos irrashaimase de los restaurantes, y los bares comienzan a llenarse de sararymen, oficinistas que tras una interminable jornada laboral, pasarán el tiempo bebiendo hasta emborracharse. No faltará quien acabe dormido en algún rincón de la calle, con su maletín tirado a un lado y la chaqueta de almohada.

Y llega la mañana, vuelven los barrenderos. A esas horas solo se oye alguna bicicleta, algún gato, alguna tienda que abre y los ñic-ñic del rodar de un carro cargado de cartones, arrastrado por un anciano de adoloridos huesos. Y entre esos ruidos y la tímida luz del Sol naciente, Kannon la Misericordiosa desde su altura, contempla con una suave sonrisa el barrio en espera del nuevo día.


(Diario personal: Japón, Agosto 2001)