jueves, 26 de julio de 2012

Blog para los amantes de la literatura china





Caràcter xinès: Contar nuevo de historias viejas: Lu Xun. Contar nuevo de historias viejas. Ediciones Hiperión, 2001. 211 pàgines. Títol original: 故事新编. Traductor: Laureano Ramírez. De...

miércoles, 4 de julio de 2012

El Arte Islámico (y 3ª Parte)

La Música en el Mundo Islámico:

Dice la tradición que fue el característico andar del camello lo que determinó el primer metro musical fundando de este modo la rítmica así como las formas poéticas.

A pesar de que la música se encuentra absolutamente presente en las actividades cotidianas del mundo musulmán (salvo tristes y dramáticas excepciones donde el fanatismo gobierna), lo cierto es que ha sido cuestionada desde el mismo inicio del islam e incluso desde dentro del sufismo. En el Corán no existe ninguna prohibición sobre la música, en todo caso, ha sido en base a algunos Aḥādīth(1) sobre los que se ha sustentado la mayor o menor licitud de la música. Existen diferentes categorías: desde Ibn Taymiyya, que la clasificará como haram (lo que está prohibido), pasando por el propio Ibn 'Arabī que la considerará makruh (actos que aunque no están prohibidos es mejor evitar) hasta llegar a ciertas élites sufíes que lo consideran obligatorio: Maulanā Rūmī considerará la música y la danza (o mejor dicho el giro) como la propia vía espiritual(2). Ruzbehan de Shiraz dirá que el sama' está permitido al sufí, incluso le es obligatorio, pero es haram para el no iniciado.

Y es que los términos árabes musiqa(3) y ghinā (canto) no se utilizan en el sufismo, donde siempre se habla de sama' cuya raíz significa «escucha». La escucha está ligada a la comprensión. Y el pacto primordial "alastu" descrito en la azora(4) 7:172 es su fundamento, ya que el diálogo humano-divino se inicia justamente con la escucha de una pregunta surgida de las profundidades del silencio del alma . Este carácter de la música será denominado por los sufíes como el «lenguaje del silencio» (lisân-i bîzebâzân).

El silencio es la fuente de la que la música sufí extrae su música. Se asemeja en este aspecto a la tierra fecundada. El músico no sabe qué va a surgir del silencio, ni en qué momento, pero no puede dejar pasar el instante, tiene que estar allí cuando germen salga a la luz.(6)

Una de las condiciones que ha de cumplir la música o el/la cantante es su capacidad de «conmover emocionalmente» al escuchante; a esta propiedad se la denomina tarab, imprescindible así mismo para el tajuîd o recitación coránica. Por este motivo, la música fue un elemento de gran importancia en el cuidado y tratamiento de los enfermos, y concretamente, los enfermos mentales de los hospitales islámicos o bimaristan. En concreto tanto Al-Razi (854-932), Al Farabî (870-950) o Ibn Sina (980-1037) establecieron principios científicos relativos al tratamiento con los diferentes maqamât(7) en los desórdenes psicológicos ya que cada maqâm evoca una emoción diferente.


Hoy en día los medios de difusión y las nuevas tecnologías han cambiado costumbres y han permitido el acceso a los diferentes temas musicales a gran escala. Música profana, música clásica o tradicional y música devocional se entrecruzan por las calles y vericuetos de mercados y ciudades.

El ejemplo de la música otomana:

Creada por la corte y músicos populares, y enriquecida con importaciones persas y árabes tanto en términos como en instrumentos.

«La música Otomana es la cristalización del arte Otomano en sonido, así como lo fue la piedra en la arquitectura, un arte que los occidentales solían llamar “el arte sublime” en sus manifestaciones en tezhib (ornamentación dorada), nakş (miniatura), alfombras, hat (caligrafía) y ebru (papel marmoleado). Es una música que hace volar al hombre con su profundidad, expresando lo que yace más allá del tiempo en las melodías más simples». (8)


 Mether (música militar)
Dama otomana
Mevlevihane

Dentro del sistema de educación turco o Meşk, la Mevlevihane fue uno de los centros que más influyera en el ámbito musical. Institución dirigida por la cofradía sufí Mevleví y orientada al perfeccionamiento de la calidad humana por medio de técnicas de entreno corporal, intelectual y espiritual. Aunque su alma mater fue el maestro de Balkh(9), Yalâl-ud-dîn Rûmî, fue su hijo, Sultan Veled, quien inició la institucionalización y organización de la escuela y su ritual, el semâ(10). Las mevlevihane tuvieron gran importancia como escuelas donde las bellas artes: turca, árabe y persa, tales como la caligrafía, la ornamentación y la música se enseñaban. La mayoría de los compositores otomanos pertenecían a esta cofradía, entre ellos Derviş Mustafa, Itrî o Ismâil Dede así como muchos sultanes, vizires, grandes muftis y pashas fueron educados entre sus muros. Este tipo de música alcanzó su cima entre los siglos XVIII-XIX.

El tasawwuf o sufismo, halló pronto en la música y la danza dos medios excepcionales de expresión no meramente estética sino espiritual. Con todo, algunos sufíes fueron más allá. Música y danza no eran simples vehículos expresivos -catárticos en algunos casos- de una fuerza emotiva y pasional, sino que constituían en sí mismas el trabajo espiritual. Es el caso, por ejemplo, del mirífico poeta persa Hazrat Mawlânâ Yalal al-Din Rumí (1207-1273), inspirador de la tarîqa mevleví, la escuela sufí de los derviches giróvagos, conocida por el ritual del samâ' y la danza del giro... (11)

El ejemplo de la música de Irán:

Según el Profesor Daryus Shayegan, la cultura iraní de cara a la música, se caracteriza por un contexto «esquizofrénico cultural» dada la naturaleza contradictoria de sus dos fuentes: la persa antigua y el islam.

Antes de la llegada del islam las melodías cantadas o recitadas eran extraídas del Avesta, el libro sagrado del Zoroastrismo, los modos que hoy conocemos por dogah, segah chahargah, eran utilizados para cantar los gath(12) y el término rast (literalmente «verdad») para cantar las historias de los buenos actos o de las buenas personas. Tras la islamización, los músicos persas no desaparecieron, así tenemos al gran Zaryab o Zyriab (también conocido como “la perla negra” por su origen cuya influencia en Al-Andalus tanto en música, poesía o costumbres, tuvieron gran importancia. O al Farabi o Ibn Sina (Avicena) grandes teóricos de la música del ‘ud y ney, además de filósofos. Aunque como bajo otros cielos, la música también vivirá sus momentos de contradicción.

La música persa académica clásica (Musiqi Asil o Dastgah) es improvisada y se basa en una serie de gamas modales y acordes que han de ser memorizados. El repertorio o radif se divide en doce dastgah con más de 200 melodías cortas (gasheh) y tanto dastgah como gasheh tienen un nombre propio. Esta música es esencialmente vocal, y es el o la cantante quien deberá decidir que ambiente crear eligiendo el dastgah correspondiente y los poemas (de la literatura clásica y principalmente de maestros de la mística como Rūmī o Hafiz). En cuanto a los temas devocionales, a parte de la recitación coránica, en Irán existe el Noheh, o poesía improvisada de lamentación, principalmente dedicada a recordar el martirio del Imam Husayn y el drama de Karbalâ.

La Poesía, musicalidad escrita

Ya hemos recalcado la importancia en el mundo musulmán de la lengua del mensaje coránico —el árabe— y aunque no existen realmente registros de la poesía oral hasta el siglo VIII, según la tradición, también para el mundo pre-islámico árabe (época llamada de la ignorancia o yahilīa) fue un instrumento a través del cual los poetas describían el mundo. La lengua árabe caracterizada por distintos dialectos, tendrá como lengua común o Koiné lo que llamamos árabe clásico o fusha, la lengua en que fue registrado el Corán. Aunque existían escritos, la transmisión literaria y poética sería siempre oral aprovechando la ritmicidad de la propia lengua que, como dijimos, según la tradición adoptará la cadencia del paso del habitual medio de transporte y símbolo de nobleza y belleza en el desierto, el camello.

Su época de oro —que comprenderá los imperios Omeya y Abbasí hasta mediados del siglo XIII— será la de la famosa Dar al Hikma (la Casa de la Sabiduría de Bagdad), o de las escuelas de Kufa y Basra, fecundadas por las recepciones griegas y persas extendiendo su fama hasta Al Andalus y luego más allá de las fronteras de los Pirineos.

Al Azkanî dirá de la poesía: «elocuente, sencilla y comprensible», y es que la palabra árabe para la poesía, shi’r, significa no solo versificación, sino también la comprensión súbita, el sentir y también la palabra vello o cabello (¿o no se nos ha erizado el vello de placer en algún momento al oír una música o un poema?). Pero el resultado no será hijo de la inspiración, sino de la destreza, de la habilidad del poeta, del artesano. La obra ha de conseguir hacernos emocionar, hacernos comprender, hacernos vivir y compartir con los demás. La poesía es natham, es decir, algo que sigue un orden métrico y musical, característica que se conservará hasta la primera mitad del siglo XX.

Un ejemplo: La poesía sufí persa:

«Un viajero victoriano señaló una vez que Persia es un país donde la gente camina sobre alfombras de seda y habla el lenguaje de la poesía»(13) , de hecho también se dice que si bien la lengua árabe es la lengua de la Revelación, el persa es la lengua de los ángeles.

La poesía sufí persa está animada por una visión de la belleza divina, la Unidad y el amor divinos en juego, en el que al no existir diferencia entre femenino y masculino, el lector puede interpretar indistintamente que el Amor divino, el amor a Ella puede transformarse en el amor a Él. Así tenemos al majnûn (el loco) poseído por los genios del desierto de la Arabia, cuna del islam, que pasará a ser el loco de amor, cuya mayor representación la tendremos justamente en el joven Majnûn, el pastor enamorado de la bella Layla (la noche), convirtiendo a la mujer en la epifanía de la belleza y del amor divinos.



[Artíclo publicado en el portal Homines en Junio 2012]
(1)Plural de ḥadith, relato de hechos y dichos del profeta Muhammad. En árabe significa «tradición», originalmente completaban la costumbre (Sunna). Son la segunda fuente de la ley canónica.



(2)La música mevleví es melódica y «modal», es decir, está basada en maqāms, aire musical concretado tanto en su inicio, intervalo y final en unas notas determinadas. En ella voz e instrumentos van a la par: Tawhīd (ver 1ª y 2ª parte de este artículo)


(3)Del griego mûsîqî, la musiqâ determinará el aspecto teórico de la música, mientras que ghinâ, término pre-islámico, se ha mantenido en el uso corriente aunque asociado al de mûsîqâ.


(4)Azora o división en que se ha estructurado el mensaje coránico en su versión escrita (concretamente 114 azoras o capítulos)


(5)¿Acaso no soy vuestro Señor?


(6)Erguner, Kudsi (1996) El flautista sufí o el viaje del alma, http://unesdoc.unesco.org/ulis/cgi-bin/ExtractPDF.pl?catno=102890&look=default&ll=3&display=1&lang=eo&from=&to=

(7)Plural de maqām, sistema de modos melódicos empleados en la música tradicional árabe. Este término relativo a la música (tiene otros significados: lugar, rango…) aparecerá en tratados escritos en el siglo XIV por Al-Shaikh al-Safadî y Adulqadir al-Maraghi. El sistema microtonal está basado en escalas de 7 notas.


(8)Cinuçen Tanrıkorur en The Ottoman Music, http://www.turkishmusicportal.org/composer.php?id=49&lang2=en

(9)En Afganistán.


(10)Samā’ en lengua árabe


(11)Bárcena, Halil (2008) Rumi, música y sufismo. El samâ` de los derviches giróvagos en http://www.cetr.net/es/articulos/la_sabiduria_en/rumi_musica_y_sufismo

(12)Textos del Avesta.


(13)Dr. Hosein Elahi Ghomshei en http://www.drelahighomshei.com/e621.aspx



domingo, 1 de julio de 2012

La fotografía como herramienta revolucionaria en Bangladesh por Shahidul Alam





Traducción del artículo al español.
Shahidul Alam es un galardonado fotógrafo y activista por los derechos humanos con base en Dhaka, Bangladesh. En 1989, Alam fundó la Drik Picture Library, una librería de fotografía que ofrece una plataforma para que los fotógrafos locales puedan exponer su trabajo. Alam fue el primer galardonado asiático del Premio Mother Jones de Fotografía Documental, entre otros de sus numerosas premios. Su exposición Cross Fire de Mayo 2010 fue cerrada por la policía en Bangladesh, lo que llevó a protestas a nivel nacional lideradas por estudiantes y activistas de los derechos humanos.

Como fotógrafo dedicado a documentar sobre la gente del lugar y acontecimientos de Bangladesh, se preocupa por la falta de representación de fotógrafos locales en los países como el suyo. Alam alega que en comparación con los fotógrafos que visitan el país con pocos conocimientos de los temas locales, los nativos están mucho mejor preparados para capturar la vida local de manera imparcial.

A lo largo de los años, Alam se ha embarcado en numerosas iniciativas empleando la fotografía para dar voz a la lucha de los oprimidos. Alam estableció su propia galería en colaboración con el equipo de la Drik Picture Library creando una prestigiosa escuela de fotografía, la Pathshala South Asian Media Academy, para enseñar a jóvenes fotógrafos. Como parte de su activismo por los derechos humanos, Alam lanzó banglarights.net para informar al mundo sobre la situación de los mismos en Bangladesh. Alam también es un apasionado de la enseñanza de la fotografía para grupos que hasta ahora había tenido una baja representación en este campo, tales como las mujeres, niños trabajadores, periodistas rurales y de ciudad.

Alam insiste en que en buenas manos, la fotografía puede ser nada más y nada menos que revolucionaria como dice en el reportaje multimedia de referencia, «Está teniendo lugar una revolución silenciosa»

La banda sonora del video es la canción «My War Blues» de Cian Nugent.

ORIGINAL ARTICLE
Shahidul Alam is an award-winning photographer and human rights activist based in Dhaka, Bangladesh. In 1989, Alam set up Drik Picture Library, a photography library that provides a platform for local photographers to showcase their work. Alam was the first Asian recipient of the Mother Jones Award for Documentary Photography, among his numerous other awards. His May 2010 exhibition Cross Fire was closed down by the police in Bangladesh, which led to nationwide protests headed by students and human rights activists.

As a photographer dedicated to documenting local people and events in Bangladesh, Alam is concerned about the lack of representation of local photographers in countries like his own. Alam argued that compared to photographers visiting the country with little knowledge of local affairs, native photographers are better equipped to capture local lives in an unbiased way.

Over the years, Alam has embarked on numerous initiatives utilizing photography to voice the struggle of the oppressed. Alam established his own gallery in collaboration with staff from Drik Picture Library and set up a prestigious photography school, Pathshala South Asian Media Academy, to educate young photographers. As part of his human rights activism, Alam launched banglarights.net to inform the world about the human rights situation in Bangladesh. Alam is also passionate about providing photography education to formerly underrepresented groups in the field, such as women, working-class children, rural journalists and citizen journalists.

Alam is adamant that in the right hands, photography can be nothing short of revolutionary. As he argues in the above multimedia feature, "There is a silent revolution taking place."

The soundtrack of the above video uses the song "My War Blues" from Cian Nugent.


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